Estoy a punto de entrar a un terreno que confieso no domino pero que me ha inquietado por la cantidad de comentarios que oigo, leo y recibo. El tema es el voto como forma de protesta.
Desde hace algunos ayeres sigo, no se si con interés o morbo, el desarrollo de la vida política de mi país y ya desde entonces vislumbraba lo que hoy tristemente es una realidad. Percibo primordialmente una falta de liderazgo auténtico entre los personajes (si como de historieta) que dominan la escena (si como de teatro, no se si farsa o comedia) política de esta nación. He buscado en todos los partidos políticos y el común denominador es la repartición de espacios públicos basados en una sarta de maniobras casi siempre elaboradas allá donde nunca pega el sol. No encuentro entre los líderes de los partidos alguno que sepa señalar el rumbo para su institución, lo único claro son las metas y caemos en el simplismo del juego de las sillas donde gana el que ocupe más sillas donde sea y cómo sea. Pero como las reglas las dictan los partidos pues ellos deciden quien puede jugar; pero eso si con un sistema en extremo democrático, acá no se fijan en color (bueno algunos), raza (bueno un poquito), religión (bueno eso sí, Dios nos cuide y Monseñor Rivera nos ayude), parentesco (no importa que seas hijo del líder del partido, en verdad no importa) o afinidad (si no importa si eres su hijo, menos que seas su compadre).
Es en un escenario así donde se entiende la aparición de un ente (ni a personaje llegó) que se atrevió a meter un barril de tequila a los patios del llamado Palacio Nacional; se comprende también el regreso de varios truhanes obligados solamente a una enjuagada de manos, una limpieza rápida de cara para poderlos presentar como limpios y transparentes, claro con experiencia y ya de plano sólo en una situación como la que estamos puede los que fueron truhanes expiar sus culpas con trabajo y honestidad para luego regresar a ser truhanes o de plano dementes.
El resumen de lo anterior es que en verdad pocas son las opciones de liderazgo honesto, genuino, ejercido de frente o como dice mi abuelo a calzón quitao.
Observo también que en general en nuestro país no nos gusta obedecer los dictados de la autoridad en cualquier ámbito. Así el hijo se debe rebelar al padre, el padre revelarse pederasta (perdón ese es otra revelación), el padre rebelarse ante el policía de tránsito, el policía de tránsito ante su superior y así hasta que de una forma u otro desobedecemos el llamado de la ley. En este escenario normal es que los diputados y senadores con el encargo específico de representar a aquellos que emitimos nuestro voto en su favor, pues desobedezcan y para no sentirse tan perdidos sin trabajo por realizar pues representen los intereses de algún personaje oscuro o claro es lo mismo (pero con dinero eso sí).
Siendo lo anterior así también es normal que al ser una obligación (sin sanción, pero obligación) eso de ir a votar, pues que en gran número la población desoiga el llamado de la ley y se abstenga de hacerlo, pero estamos los que sentimos la mórbida necesidad de ir a perder unas horas en domingo.
Para este tipo de seres (entre los que me incluyo claro) comparto mi decisión. El 5 de julio iré a votar y lo haré efectivo por el que será mi presidente municipal y desde ya manifiesto mi decisión también de estar chingando (si esa es la palabra en estos tiempos no se espanten) para que cumpla con un buen mandato; el resto de los sufragios para diputados locales y federales los anularé fundado en tres consideraciones: la primera es que soy un convencido de que primero se debe aplicar correctamente la ley para detectar sus fallas y corregirlas, pero lamentablemente al día de hoy el primer supuesto no se cumple; la segunda es que me han demostrado una y otra vez que las leyes que aprueban no producen un beneficio colectivo, una mejoría sustancial en el desarrollo de nuestra sociedad y la última es que no importa la forma en que se apruebe el presupuesto siempre tendrá que pasar por un aparato burocrático enorme donde a la fecha no existe un líder auténtico que señale el rumbo a las instituciones.
Al final volvemos al principio y el problema es justamente ese que no queremos empezar de otra forma.