jueves, 22 de octubre de 2009

Pedir perdón

Supuestamente bastan dos palabras, según se nos enseña no importa el dolor o el tamaño del sufrimiento siempre y cuando tengamos el valor de mirar de frente, directo a los ojos y ofrecer una disculpa, eso si, sincera. De entrada me parece demasiado poco ofrecer dos palabras cuando se utilizaron más para deshacer el empuje de alguien. Pero luego me detengo y se que no es poco; la otra opción es pedir no que nos disculpen sino que nos hagan un daño similar al que hemos causado y es justo ahí donde me detengo, que conste que no por ideas religiosas o morales de no hacer justicia por propia mano y menos aún por falta de valor a enfrentar lo que me pudieran hacer. El freno es porque dentro de mi encuentro yo sólo todo aquello que me ha causado dolor y se encontrarán peor que mis fantasmas, mis pérdidas y mis deseos. Nada como el hecho de que soy humano y me duele y sueño y vivo.
Por eso y sólo por eso les ofrezco mi disculpa sincera.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Caminando

Y así se va uno caminando, dejando parte del alma en cada paso.
Creo que de eso termina tratándose la vida, de adelantar un pie al otro y al otro y al otro y al otro... sin embargo paradójicamente lo que trasciende es justamente lo que dejamos regado en el camino; como las víboras que cambian de piel vamos librando el peso de lo inútil, de lo que aprendimos pero estorba. No todo es aprender, es cuestión de usarlo de que llene de energía las piernas cuando la cuesta es demasiado empinada.
Las huellas de los zapatos o de los pies para quien recorre el camino descalzo sirven sólo para que cualquier don nadie siga nuestros pasos.
El olor que se vuelve cauda sirve sólo para que puedan seguirnos aquellos que han perdido la iniciativa.
Las caricias que se quedan en el aire son el momento climático de nuestras alegrías.
Eso que no ves, no tocas y no hueles es lo que soy, lo que seré y el resplandor del sueño que es tenerte cerca.