sábado, 27 de noviembre de 2010

De nuevo la madrugada, las risas a lo lejos me recuerdan un camino, ese que solía llevarme a mi. Hoy me pierde el dolor, te repito cada momento, en mi mente alimento ese deseo de que estuvieras acá.
Sigo sin entender la prisa, nada te apuraba, te apuró la muerte; y no sólo a ti, creyeron que no los iba yo a extrañar, ¡cuánta soberbia!.
Las fotos de los que se fueron no pueden hacerme más que llorar.
Pero en verdad es tan difícil verlo, una palmada en la espalda, un beso, un aliento. Llegará el día y lograremos vernos a los ojos, hasta entonces...

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