Ya son algunos años sin su voz felicitándome, ya dejé atrás el tiempo de esperar la llamada sabiendo que no llegaría, aún así la tristeza de que no suene el teléfono no se desvanece del todo. Las felicitaciones son diferentes ahora, muchas vías de comunicación, velocidad pero no cercanía. Abrazos electrónicos que ciertamente acomodan el alma y le dan un nuevo sentido a la celebración.
Como siempre pocos para celebrar pero siempre los más grandes, los que no se van y esperan, los amigos.
Desde ya empieza el festejo y el mejor regalo es darme la oportunidad de extrañarlos, de llorarlos pero hoy sabiendo que me abrazan en la distancia, su cercanía son los gestos de los que vienen después, de las nuevas guías, de sus ojos y sus llantos.
Me abrazo y me festejo.