Probablemente, sólo probablemente no sea el cariño lo que me obliga a llamarlos, a querer saber de ustedes. Tal vez es que en esos días que ustedes conocen igual que yo, la vida fluía más limpia, las responsabilidades eran otras y el deseo de mover al mundo con nuestro empuje eran suficientes. Los besos sabían a inocencia; acariciarte a ti, si a ti, era una sobredosis de anhelos; platicar contigo toda la noche llenaba de esperanzas el mañana al que enfrentábamos casi siempre con pocas horas de descanso pero desbordantes de alegría.
Hoy no es que sea complicada la vida, sigue siendo tan sencilla como una respuesta afirmativa o negativa pero hoy ya es imposible andar por allí sin pensar en lo que hemos impactado en otras personas, ayudamos a vivir, a derrumbar pesadillas, a abatir demonios y a reír y a llorar.
Por eso es que disfruto tanto estar a su lado ahora, se que ya jamás podrán ser las horas que ocupábamos pero los ratos juntos nos ayudan a entender, a recordar, pero sobre todo y a pesar de todas nuestros miedos o precisamente para olvidarnos de ellos estamos juntos, bebemos, reímos y sonreímos. Si, como lo hacíamos ayer pero por diferentes razones. Hoy los encuentro más cercanos, más celestiales, más míos que nunca.
Por eso gracias a todos los que han compartido tiempos, cigarros, cafés, tintos. Lo mejor, sin duda, los que faltan y los que mañana serán los locos de ayer.