sábado, 30 de abril de 2011

Esos locos de ayer

Probablemente, sólo probablemente no sea el cariño lo que me obliga a llamarlos, a querer saber de ustedes. Tal vez es que en esos días que ustedes conocen igual que yo, la vida fluía más limpia, las responsabilidades eran otras y el deseo de mover al mundo con nuestro empuje eran suficientes. Los besos sabían a inocencia; acariciarte a ti, si a ti, era una sobredosis de anhelos; platicar contigo toda la noche llenaba de esperanzas el mañana al que enfrentábamos casi siempre con pocas horas de descanso pero desbordantes de alegría.

Hoy no es que sea complicada la vida, sigue siendo tan sencilla como una respuesta afirmativa o negativa pero hoy ya es imposible andar por allí sin pensar en lo que hemos impactado en otras personas, ayudamos a vivir, a derrumbar pesadillas, a abatir demonios y a reír y a llorar.

Por eso es que disfruto tanto estar a su lado ahora, se que ya jamás podrán ser las horas que ocupábamos pero los ratos juntos nos ayudan a entender, a recordar, pero sobre todo y a pesar de todas nuestros miedos o precisamente para olvidarnos de ellos estamos juntos, bebemos, reímos y sonreímos. Si, como lo hacíamos ayer pero por diferentes razones. Hoy los encuentro más cercanos, más celestiales, más míos que nunca.

Por eso gracias a todos los que han compartido tiempos, cigarros, cafés, tintos. Lo mejor, sin duda, los que faltan y los que mañana serán los locos de ayer.

jueves, 28 de abril de 2011

Luces y ángeles

Pues resulta que llegas de pronto, con una sonrisa tan grande que hoy parece eterna, llegaste de puntitas, sin hacer ruido y por la puerta de atrás, pero a su tiempo nos completaste el corazón. Por eso, gracias.

Pero hoy así igual que llegaste te fuiste, sin un adiós, con un hasta luego amargo, dejándonos llenos de tristeza y desesperación, recordándonos lo frágiles que se han vuelto los ángeles. Traen su luz, su alegría pero ya no se pueden quedar.

Te abrazo y me despido, faltan muchos años para volverte a ver, mientras descansa en paz, quédate con la tranquilidad de que la luz que trajiste durará toda la eternidad.

lunes, 11 de abril de 2011

Aprovechando el calor

Estoy convencido que a más de 25 grados centígrados las neuronas se empiezan a cocinar, razón suficiente para que todas las funciones vitales se vuelvan torpes y desganadas, la única solución real y duradera es la cerveza. He dicho. Cumpliendo a cabalidad la necesidad de apagar el calor circundante, este fin de semana me dediqué a tan ligero elíxir, pero resulta que no sólo es refrescante, también resulta demasiado celosa la espiritual bebida, no se te ocurra dejarla más de 3 minutos porque se calienta y entonces darle un trago es amargarse a lo wey el resto de la jornada, aunado a lo anterior está el hecho de que si terminas con una, en un abrir y cerrar de ojos, regresa el calor y debes consumir otra para refrescarte de nuevo y entonces una tras de otra comienzan a ocupar demasiado espacio en el estómago y ya adentro no puedes controlar el mareo que le provoca al corazón, si así como el primer beso de la niña que te gusta, ese que te deja sabiéndote el rey del universo o ya más crecido aquel beso que, como dijera Nandino, te deja con dolor de caderas.
La consecuencia te puede llevar a lugares insospechados, puede recordarte tantos momentos hermosos junto a ella o puede destapar la caja de pandora de tu corazón, el riesgo es mucho y la recompensa enorme, la decisión casi imposible. Hoy por ejemplo de me dio por recordar a todos aquellos con los que compartí el calor y la cerveza. Playas, fronteras, ciudades hoy violentas, carne, camarón, tarde, noche y mañana (en ese orden siempre) pero sobre todo y como constante gente buena, de esa a la que le gusta reír, bailar, soñar. Personas que han llenado momentos hermosos. A todos ellos un abrazo, un recuerdo y la esperanza de que me encuentren en la siguiente cerveza que destapen.